viernes, 31 de julio de 2015

Camelot, (Joshua Logan, 1967)

«Pregunta a todo el mundo si ha oído la historia de Camelot y si no la conocen, cuéntasela, no dejes que se olvide que, una vez, hubo un lugar que por un breve y brillante momento, fue conocido como “Camelot”.»

El 3 de diciembre de 1960 se estrenó, en Broadway, un musical con libreto del compositor Frederick Loewe y el letrista Alan Jay Lerner, autores, entre otras, de “Brigadoom”, “Gigi”, “La leyenda de la ciudad sin nombre” o “My Fair Lady”. Basada en las novelas de T. H. White sobre el rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda, la obra, se titulaba “Camelot” y estaba interpretada por Richard Burton en el papel de Arturo, Julie Andrews en el de Ginebra y el debutante Robert Goulet en el papel de Lancelot du Lac.
El resultado fue un rotundo éxito. La producción alcanzó las 873 representaciones antes de salir de gira por todo el país.
En 1967, Joshua Logan, director con una amplia experiencia teatral y que ya había dirigido algunas películas de cierto éxito como: “Bus stop”, “Picnic” o “Sayonara”, (en 1969 dirigiría otro estupendo musical: “La leyenda de la ciudad sin nombre”), es contratado por Jack L. Warner para dirigir la versión cinematográfica. Richard Harris interpretaría al rey Arturo, Vanessa Redgrave a Ginebra y Franco Nero a Lancelot du Lac. Tanto Vanessa Redgrave como Richard Harris interpretan, ellos mismos, las canciones mientras que Franco Nero fue doblado por Gene Merlino en las partes cantadas.
Durante el rodaje, Vanessa Redgrave y Franco Nero se enamoraron e iniciaron una relación sentimental que traspasa la pantalla y se intuye en las escenas de amor entre Ginebra y Lancelot du Lac.
La película narra la historia de un triángulo amoroso que se debate entre la lealtad, la pasión y la construcción de un sueño.
Los exteriores se rodaron en España; el castillo de Coca representa el castillo de Camelot y el Alcázar de Segovia representa el castillo de Lancelot du Lac.
Se construyeron más de 45 decorados que ocupaban la mayor parte de los Estudios Warner, se invirtieron más de 3 millones de dólares en vestuario y se contrataron cientos de extras.
Nominada en cinco apartados, obtuvo el Óscar en tres de ellos: dirección artística, vestuario y música adaptada.
Rodada en Technicolor y Panavision las imágenes de “Camelot” son de una extraordinaria belleza y recuerdan a las pinturas de los prerrafaelitas ingleses de mediados del siglo XIX. La dirección artística, la fotografía, el vestuario y los decorados otorgan a la obra un halo de leyenda mágica acorde con su tema. Gran parte del mérito del aspecto visual de la película es responsabilidad de un diseñador australiano de 30 años llamado John Truscott y del director artístico Edward Carrere.
La película fue masacrada sin piedad por la crítica de la época y aunque consiguió recuperar la inversión, no fue el éxito que Jack L. Warner esperaba.
“Camelot” no deja indiferente a nadie, o se la ama o se la odia. Para algunos es una cursilada insoportable. Para otros, entre los que me cuento, se trata de una obra maestra del cine hecha con talento, sensibilidad y un excelente sentido del espectáculo.
Desde el arranque, en el bosque nevado, donde Arturo y Ginebra interpretan el bellísimo tema principal, hasta que Arturo, tres horas más tarde, reinterpreta el mismo tema, trece hermosísimas canciones se integran en la historia con carácter funcional.
Esta manera de integrar las canciones en la trama para que aporten datos, ayuden a caracterizar a los personajes o se constituyan en auténticos monólogos interiores que desvelen al espectador sus pensamientos más íntimos, sus dudas, su angustia, su alegría o su tristeza, no es lo habitual en el musical clásico de Hollywood en el que la mayor parte de las veces lo que vemos es una película con canciones y números de baile insertados cada cierto tiempo, en muchas ocasiones, sin venir a cuento salvo que el argumento narre, precisamente, el montaje de un espectáculo musical.
“Camelot” fue uno de los últimos grandes musicales que produjo Hollywood en una década en la que el género estaba agonizando. Se trata de un film original y atípico. Su puesta en escena rompe con lo que hasta entonces se consideraba correcto al trasladar al cine un musical de Broadway. Joshua Logan decidió filmar las canciones incluyendo un gran número de primeros planos lo que acentúa la intimidad y sensualidad de esos momentos y se aleja de la “teatralidad” de otras adaptaciones. Los excelentes diálogos de Alan Jay Lerner, el espléndido trabajo de los actores, el diseño de producción y, por supuesto, la música de Frederick Loewe, hacen de “Camelot” una película irrepetible.

Joshua Logan diría sobre “Camelot”: «… una de las películas más hermosas de ver que nunca puedan hacerse.»

sábado, 20 de junio de 2015

Ida, (Pawel Pawlikowski, 2013)

“Ida” es el título de la última película dirigida por el realizador polaco, afincado en Londres, Pawel Pawlikowski. Nada de lo que este director ha hecho hasta ahora nos había preparado para “Ida”.
Rodada en Polonia y ambientada en los años sesenta, en una Polonia comunista y católica que apenas había salido de la postguerra, la película cuenta el viaje de una novicia de 18 años (Anna) que, antes de realizar sus votos, iniciará una búsqueda de sus orígenes en compañía de su tía (Wanda), una mujer perseguida por el pasado y destruida por el remordimiento.
Se trata de una bellísima película en blanco y negro, con formato de pantalla cuadrada y despojada, prácticamente, de música extradiegética.
La cámara siempre estática, sin reencuadres ni travellings, ni grúas, ni contraplanos, se vuelve invisible y el espectador disfruta de unas imágenes que recuerdan a Carl Th. Dreyer.
Los planos, muy a menudo, despojados de todo tipo de decoración están, en ocasiones, compuestos con los personajes en una esquina con gran cantidad de espacio vacío por encima de sus cabezas. Esta forma de encuadrar nos produce un cierto desasosiego ya que nuestra mente “prefiere” la armonía, la simetría, el canon griego de belleza. Este tipo de encuadre junto el estatismo de la cámara, la duración de los planos, la utilización de los primeros planos que, aquí, tienen una justificación emocional, la iluminación que intenta siempre utilizar una sola fuente de luz y el maravilloso blanco y negro, sitúan al espectador en el plano de la contemplación.
Pawlikowski explica los motivos por los que optó por este tipo de estética: “[…] los mínimos elementos y el mínimo movimiento de cámara, no quería introducir ningún ruido en el mensaje. Nada más allá de lo esencial. Así, la historia, el diálogo, la información, el sonido y la imagen se desnudaron a la esencia de ellas mismas”.

domingo, 14 de junio de 2015

Parque Jurásico, (Steven Spielberg, 1993)

Jurassic Park, (Steven Spielberg, 1993), supuso un fenómeno comercial sin precedentes en el mundo del cine. La película recaudó más de mil millones de dólares, generó un merchandising que superó a cualquier producción hasta ese momento y desencadenó una fascinación por los dinosaurios que ha continuado hasta nuestros días.
Durante casi cien años el cine había recreado los dinosaurios a través de dibujos, figuras articuladas que simulaban el movimiento mediante stop-motion y actores metidos en disfraces. Ahora, por fin, podíamos ver dinosaurios “de verdad”, que tenían textura y movimientos fluidos, que generaban sombra, se reflejaban en las superficies brillantes e interactuaban de forma natural con los personajes reales.
Spielberg trabajó con los mejores especialistas en cada campo: miniaturas, figuras mecánicas operadas por control remoto e imágenes generadas por ordenador y combinó estos recursos para hacer creíbles los dinosaurios. El resultado fue deslumbrante y supuso un antes y un después en la utilización de los efectos digitales en las películas.
Sorprendentemente, la mayoría de los críticos se abalanzaron sobre la película como auténticos Velociraptores. Se acusó al film de esquematismo, de falta de profundidad en la caracterización de los protagonistas y, en fin, de mero producto comercial de entretenimiento. No se dieron cuenta de que Jurassic Park es una trepidante película de aventuras en la que los protagonistas son…, los dinosaurios.

martes, 26 de mayo de 2015

Sin City, (Robert Rodríguez, Frank Miller, Quentin Tarantino, 2005)

En 1991, Frank Miller creó un cómic titulado Sin City. En él se contaban una serie de historias que transcurrían en Basin City, la Ciudad del Pecado, una ciudad en la que policías corruptos, asesinos a sueldo, prostitutas, políticos sin escrúpulos, matones escondidos en sórdidos callejones, garitos inmundos llenos de la peor escoria, bastardos amarillos y héroes derrotados que se sacrificaban por angelicales bailarinas, entrecruzaban sus vidas viñeta tras viñeta.
Por muchos motivos, Sin City fue una apuesta contracorriente. Se trataba de un cómic en blanco y negro, algo que ya no se hacía o estaba relegado a publicaciones de escasa difusión. Se inscribía en el género negro que en los noventa prácticamente había desaparecido de las editoriales, y además, incluía grandes dosis de violencia desmedida, desnudos espectaculares y sexo que hicieron temblar a la puritana sociedad estadounidense.
Pero las innovaciones más importantes en la obra de Miller tienen que ver con dos aspectos fundamentales: la estructura narrativa de sus historias y una nueva estética basada en blancos y negros con picados, contrapicados y perspectivas acentuadas hasta la caricatura. La composición de las viñetas era absolutamente innovadora, el ritmo podía ser vertiginoso en una página con 6 u 8 viñetas llenas de acción, para encontrarnos, a continuación, una doble página en negro con una pequeña viñeta en el centro en la que se roza la abstracción. La narración, de esta manera, se congelaba y obligaba al lector a darle importancia a una imagen determinada dotándola de un aliento épico, casi sobrenatural.
En 2005 Robert Rodríguez realiza la adaptación al cine de algunas de las historias del cómic. Rodríguez contó con Frank Miller como co-director ya que no se usó guion y sus cómics se utilizaron como storyboards y con Quentin Tarantino como director invitado que dirigió la secuencia en la que aparecen Benicio del Toro y Clive Owen en el coche.
Sin City no es la adaptación de un cómic, es un cómic que se transforma en película como si Robert Rodríguez le hubiera insuflado vida.
Se siguió el cómic hasta el más mínimo detalle. Basta comparar cualquier plano con su correspondiente viñeta para comprobar hasta qué punto, Rodríguez, fue fiel al original.
Efectos digitales, maquillaje, prótesis, diálogos de cine negro, voz en off, planos con perspectivas forzadas y un cierto tono onírico, de pesadilla, hicieron de Sin City una película como nunca se había visto en una pantalla de cine.
Sin City es una película de calles mojadas, cigarrillos y gabardinas que transcurre en una ciudad en la que si te metes en un callejón, puedes encontrar cualquier cosa.
Robert Rodríguez no se ha caracterizado por su coherencia narrativa, siempre ha estado más preocupado por los primeros planos, las escenas de tiroteos o los giros argumentales con la intención de sorprender al espectador. Sin embargo, en esta ocasión, ha mejorado ya que ha seguido, literalmente, los cómics de Frank Miller. Este hecho ha dotado a Sin City de una energía al contar sus historias que no tiene ninguna de sus películas precedentes.
El tipo de narración, los estereotipos y la acción tanto de los cómics como de la película, tienen mucho en común con la forma de ver el cine que tiene Tarantino. En el documental “Por un puñado de vídeos” se dice:
«Su vocación cinéfila emana de los videoclubs de los 80 donde se alimenta de la serie B y desarrolla su sentido crítico.
El vídeo se para se congela, se repite la escena, se rompe la continuidad de la narración pero se eleva la trascendencia de cada escena.
La mezcla de géneros, la ruptura de la linealidad, las tramas que se ramifican, los interludios, los momentos convertidos en suceso, todo lo que permite una sesión de vídeo aderezada con bandas sonoras de otras películas y todo tipo de guiños cinéfilos de culto. Una nueva forma de entender el cine. Lo excesivo y lo gratuito. Tarantino no es postmoderno, Tarantino es post post moderno.»
Es difícil decir hasta qué punto influyó Tarantino en el resultado final de Sin City, pero se puede asegurar que su participación fue más allá de la escena que dirigió y de la influencia de Pulp Fiction en el tipo de narrativa que desprecia el orden cronológico pero estructura la historia de forma circular.

En 2009 se editó una versión “recut, extended, unrated”, es decir remontada (las historias aparecen consecutivamente y de forma independiente, incluso con sus títulos de crédito), extendida (con 23 minutos añadidos), y sin censura. 

lunes, 27 de abril de 2015

Blancanieves, (Pablo Berger, 2012)

“… Una niña muy bonita, una pequeña princesa que tenía un cutis blanco como la nieve, labios y mejillas rojos como la sangre, y cabellos negros como el azabache. Su nombre era Blancanieves.”
“Blancanieves” es una arriesgadísima propuesta que su director y guionista, presentó a varias productoras ya en el año 2005:
“Los productores que pasaban de la primera página, en la que ponía que era una película muda, en blanco y negro y con música de principio a fin, se descolgaban en la segunda, en la que decía que estaba ambientada en la España de los años 20 y en el mundo de los toros, con enanos, bomberos toreros, flamencos, una madrastra y una niña.”
Decía Godard: “Al que se tira al vacío sin red para dar el triple salto mortal, no se le piden cuentas.”
Pablo Berger se ha lanzado al vacío sin red para dar el triple salto mortal y lo ha ejecutado como el mejor de los trapecistas.
La película fue nominada para dieciocho premios Goya y consiguió diez, ha sido galardonada en festivales nacionales e internacionales y tanto la crítica como el público la aplaudieron con entusiasmo. Críticos, casi legendarios, como Roger Ebert del Chicago Tribune o Peter Bradshaw de The Guardian le dieron la máxima puntuación en sus reseñas.
El director bilbaíno firma una película hipnótica que atrapa al espectador en el primer fotograma y lo suelta, desmadejado en su butaca, después de uno de los finales más emotivos que se haya visto jamás en el cine.
La película se configura como un cuento gótico de terror y fantasía que Pablo Berger ha llevado a cabo uniendo elementos del cine mudo con otros del cine más actual. Del cine mudo toma el blanco y negro, la música que se sincroniza con las acciones, el formato, (4:3), que se traduce en una pantalla casi cuadrada, la fotografía contrastada, plagada de claroscuros, marcadamente expresionista y, en muchos pasajes, deudora del expresionismo alemán, y algunos elementos de la puesta en escena; estos elementos se combinan con planos, movimientos de cámara y un tipo de montaje propios del cine actual.
El reparto de “Blancanieves” es una parte esencial de su éxito. Los ojos de los actores y actrices del film conectan con el espectador para contarle la historia y transmitirle sus emociones. En “Blancanieves” las miradas son los diálogos, es una película de miradas y primeros planos.
Pablo Berger se fijó en Ana Torrent, protagonista de “El espíritu de la colmena”, una niña que actúa con los ojos, con su mirada. Pensaba en ella cuando eligió a Sofía Oria para interpretar a Blancanieves de niña, un segmento de la película que recuerda al Oliver Twist de Dickens. Berger está cautivado por su mirada y los espectadores también.
En cuanto a Macarena García, Pablo Berger se tomó como modelo la Juana de Arco de “La pasión de Juana de Arco” de Carl Theodor Dreyer, película muda de 1929. Esta película es su referente para los primeros planos, llenos de significación, tanto de Blancanieves como de todos los demás actores y actrices.
Es de justicia destacar el trabajo de Maribel Verdú que compone una espléndida madrastra entre el humor negro y la maldad más desaforada, sus apariciones en pantalla tienen una presencia difícil de olvidar.

Pablo Berger ha confesado: “…yo soy un gran espectador de cine, incluso me gusta más ver películas de cine que hacerlas”. “Blancanieves” está llena de homenajes a muchas películas, entre ellas: “La noche del cazador”, “La parada de los monstruos”, el cine de Bresson o las ya mencionadas “El espíritu de la colmena” y “La pasión de Juana de Arco”.
La fotografía, la iluminación, diseño de producción, el diseño de vestuario y el maquillaje se conjuran para dotar a esta inigualable y mágica película de una fascinación visual y una belleza abrumadoras.

“Y colorín, colorado, este cuento...”

domingo, 19 de abril de 2015

Loreak, (José María Goenaga y Jon Garaño, 2014)

Flores en el camino
“Loreak”, (Flores), ha sido la gran sorpresa cinematográfica de 2014. Segundo largometraje codirigido por José Mari Goenaga y Jon Garaño, se trata de una película de bajo presupuesto con un reparto prácticamente desconocido, fuera del País Vasco, y rodada íntegramente en euskera que fue nominada en el apartado de mejor película, en la última edición de los Premios Goya, junto a “La isla mínima”, “El niño”, “Magical Girl” y “Relatos Salvajes”.
Se ha definido por parte de la crítica, incluso de la más favorable, como una “pequeña película”, “una peliculita” o incluso una “miniatura”.
¿Cómo se mide la grandeza de una película? ¿Por su presupuesto? ¿Por su tema? ¿Por la trama? ¿Por su equipo técnico, su director, su producción, su reparto?
Una película es una expresión artística y por tanto debemos juzgarla por sus valores artísticos, lo mismo que hacemos con una pintura, una escultura o una pieza musical.
“Loreak” es una gran película, una de las mejores de la historia del cine español.

sábado, 11 de abril de 2015

Whiplash, (Damien Chazelle, 2014)

“Whiplash” es una película escrita y dirigida por Damien Chazelle, director estadounidense que cumplió 30 años en enero. Se trata de su segundo largometraje tras rodar, en 2009, “Guy and Madeline on a Park Bench”, una película que no he visto, ni conozco a nadie que lo haya hecho. “Whiplash” desarrolla la historia ya esbozada en un cortometraje escrito y dirigido por el propio Damien Chazelle.
La película está protagonizada por Milles Teller y J. K.Simmons. El primero es más o menos conocido por participar en “Divergente”. J. K. Simmons tiene 60 años y una larga carrera cinematográfica y televisiva pero siempre, relegado a papeles secundarios.
La película no tiene escenas de acción, ni efectos especiales, ni hermosas localizaciones o estupendos decorados.
El argumento es simple, nada original y además tiene que ver con un tipo de música minoritario.
Los personajes, a excepción de los dos principales, no tienen interés ni están desarrollados.
Y para terminar, su presupuesto ha rondado los tres millones de dólares. Por ponerlo en perspectiva hay que recordar que “Piratas del Caribe: En el fin del mundo” costó 300 millones; el primer Spider-man 258 y “Avatar”, 237. O que Johnny Depp o Leonardo DiCaprio cobran 20 millones por película.
Sin embargo la película está valorada tanto por los críticos como por el público con un 95 sobre 100 en Rotten Tomatoes y con un 88 sobre 100 y un 8,7 sobre 10, en Metacritic. Estuvo nominada en 5 apartados para los Oscars, incluido el de mejor película, y se llevó tres: Montaje, Actor secundario y sonido.
¿Cuál es el secreto del éxito de esta modesta producción que podríamos considerar de serie B?

jueves, 5 de febrero de 2015

La isla mínima, (Alberto Rodríguez, 2014)

“La isla mínima”, la última película de Alberto Rodríguez (director de la magnífica “Grupo 7”) es, sin duda, la mejor película española del año y una de las mejores de la historia del cine en nuestro país. Una obra maestra.
Crítica y público han alabado una película que es más de lo que parece. La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas ha reconocido su calidad y la ha nominado para los premios Goya en 17 apartados, muchos de los cuales debería ganar.
“La isla mínima” es una película de género, es cine negro. Sobre la película se ha escrito ya mucho y no se trata de repetirlo, se ha alabado la localización, el trabajo de los actores (sobre todo el maravilloso trabajo de Javier Gutiérrez que, en ocasiones, recuerda a James Cagney), los dos niveles de la película (la trama criminal y el fondo socio-político de principios de los años ochenta), y muchos otros aspectos sobre los que no insistiré.

miércoles, 14 de enero de 2015

El niño, (Daniel Monzón, 2014)

Parece ser que “El niño”, última película dirigida por Daniel Monzón, está inspirada en la historia real de un joven que se dedicó al tráfico de drogas en las aguas del Estrecho de Gibraltar y que, durante un tiempo, tuvo en jaque a la policía.
El guión de la película está firmado por Daniel Monzón y Jorge Guerricaecheverría. Debieron pensar que la historia de “El niño” no era suficiente para un largometraje así que la combinaron con una historia, a lo “The Wire”, de investigación del tráfico de drogas a cargo de bandas mafiosas de los países del Este.
A pesar de las estupendas recaudaciones del film, lo primero que hay que decir es que “El niño” no es una buena película, sus numerosos defectos lo impiden:
-          El guión. Un buen guión, como norma general, debe tener una trama principal y, si se quiere, una o varias secundarias. En “El niño” se han hecho un lío con las tramas; en primer lugar porque no se sabe cuál es la principal y cuál la secundaria, y en segundo lugar porque el intento de relacionarlas se me antoja absolutamente forzado. Por separado ninguna de las dos historias tiene suficiente enjundia pero al unirlas lo que ocurre es que no suman sino que dividen así que el resultado viene a ser como si se hubieran juntado dos capítulos pilotos de dos series, eso sí, a la española.
-          La receta. El director de la fenomenal “Celda 211” ha pretendido fabricar un éxito por el método de “echar” de todo en la película, (más o menos lo que se hace, ahora, con las ensaladas): escenas de acción a lo USA, intriga, un poco de suspense, una historia de amor, actores reconocidos, actores guapos, actrices guapas, actores graciosos, jefes de policía con mala leche, compañeros traidores, sanguinarias mafias del Este, localizaciones exóticas, fotografía de postal y banda sonora que se dedica a subrayar cada cosa que ocurre en pantalla o el lugar en el que nos encontramos no nos vayamos a perder. Si nos atenemos a la taquilla no se puede negar que el experimento ha tenido éxito. Ahora bien, como obra cinematográfica el resultado es bastante flojo. Daniel Monzón debiera haber tenido en cuenta la consigna del genial arquitecto y diseñador Mies Van Der Rohe: "Menos es más".

-          Lo que no funciona. La lista es larga así que me ahorraré el comentario y me limitaré a enumerar lo que, a mi entender, no funciona:
o   La historia de amor no se la cree nadie y, además, las escenas románticas no pueden estar peor rodadas. Ejemplo: la escena en donde aparecen desnudos en la playa, la cámara a ras del suelo y las figuras desnudas de los dos protagonistas al fondo y desenfocadas. Ni en los setenta se hubiera rodado peor.
o   Las escenas de acción están bien para una película española pero con lo que vemos todos los días en las películas y series USA ver a Eduard Fernández dispuesto a abordar la lancha recuerda a los vídeos de YouTube donde alguien intenta saltar desde un trampolín o hacer una virguería en el jardín y todos anticipamos cómo va a acabar.
o   Jesús Castro y Marian Bachir son guapos, sí, pero no tienen ni idea de actuar. Consiguen que no nos creamos la historia de amor y de paso nada de lo que ocurre cuando están en plano. No quiero ahondar en el tema pero me parece un despropósito que Jesús Castro esté nominado al Goya de mejor actor revelación. Es posible que sea una revelación pero no es un actor.
o   Los seguimientos son penosos. Los malos tendrían que ser sordos y ciegos para no darse cuenta de que los siguen y, por cierto, no deberían esperar a que se pongan de espaldas para hacerles las fotos. Estas cosas consiguen que el espectador se salga de la película. Como ocurre con las escenas de amor, tampoco al rodar los seguimientos estuvo, Daniel Monzón, especialmente acertado.
Lo que me ocurrió con esta película es que, cada poco tiempo, uno de estos detalles me sacaba de la historia, y cuando conseguía volver a entrar, transcurridos unos minutos, me volvía a ocurrir lo mismo, hasta que llegó un momento en que ya estaba más pendiente de los errores que de la película. También en esto tenía Mies Van Der Rohe la solución cuando decía: "Dios está en los detalles".

No todo es malo; es bueno que la película haya acabado siendo un éxito de taquilla y es bueno que se hagan películas de género en España.

Sería injusto no mencionar las excelentes actuaciones de: Luis Tosar, Eduard Fernández, Sergi López y Bárbara Lennie.

PD: Claro que es posible que yo esté ciego y el film sea una obra maestra. Desde luego es lo que deben pensar nuestros académicos ya que la han nominado para los premios Goya en 16 apartados, incluyendo el de mejor película.

PD2: La crítica española parece estar más de acuerdo con los académicos de los Goya que conmigo, claro que Daniel Monzón empezó como crítico y por tanto es "uno de los suyos". Pero los de los Goya... ¿qué excusa tienen?

viernes, 27 de junio de 2014

Snowpiercer, (Bong Joon-ho, 2013)

“Snowpiercer” es una película de ciencia ficción dirigida por el coreano Bong Joon-ho. Se trata de una adaptación de la novela gráfica francesa, “Le Trasperceneige” creada por Jean-Marc Rochette y Jacques Loeb. En España, alguien ha decidido titularla “Rompenieves” que, a pesar de ser una traducción fiel del original, me parece un título horroroso.
Se trata de un magnífico film que tiene como base argumental una gran idea. En un futuro post-apocalíptico, debido a un experimento fallido que pretendía solucionar el calentamiento global, las temperaturas han bajado hasta tal punto que la civilización tal como la conocemos, ha desaparecido. Los supervivientes están condenados a viajar eternamente a bordo de un tren que transita a través de parajes helados en un ciclo sin fin. En este tren sus viajeros se distribuyen de cabeza a cola en función de una jerarquía de clases sociales.
Lo cinematográfico es una categoría indefinible. El porqué algo es cinematográfico tiene difícil explicación. Sin embargo a pesar de la dificultad para definirlo ocurre que es muy fácil de reconocer. Monument Valley, Nueva York, el western, Marilyn Monroe, el Golden Gate y las calles de San Francisco o John Wayne parando una diligencia, son, sin ninguna duda, cinematográficos. Pues bien, lo mismo ocurre con el tren.
El tren encaja a la perfección en las películas. Es posible que se deba a la idea de movimiento que el tren comparte con el cine, al fin y al cabo el cine no deja de ser una serie de imágenes en movimiento. También es posible que sea por la idea de viaje, al fin y al cabo casi todos los relatos acaban revelándose como un viaje, a veces literalmente y otras como un viaje interior, un itinerario de transformación de los personajes. También el aspecto a la vez poderoso y plástico de la máquina en sí y la oportunidad inigualable que nos da de mostrar todo tipo de paisajes. Sea como sea, hay pocas cosas más cinematográficas que un tren y el cine lo ha sabido ver y lo ha plasmado en numerosas películas.

domingo, 8 de junio de 2014

Monuments men, (George Clooney, 2014)

George Clooney es el productor, director, coguionista y protagonista de “Monuments men” una película que no ha tenido buenas críticas y que no fue bien recibida en su estreno, en el Festival de Berlin.
La película, basada en hechos reales, nos cuenta la labor de un grupo de expertos en arte, al final de la Segunda Guerra Mundial, para recuperar y preservar el patrimonio artístico de los países ocupados por los ejércitos de Hitler.
Dentro del extenso número de películas que se han realizado sobre la Segunda Guerra Mundial, muy pocas han tratado este tema. Parece lógico, y es comprensible, que la mayoría de films se hayan centrado en tramas bélicas o en tratar el monstruoso genocidio que llevó a cabo el Tercer Reich.
Así pues, a priori, había como mínimo dos aspectos prometedores en el proyecto: por un lado la participación de George Clooney cuyas películas anteriores, sin ser obras maestras, eran films muy estimables; y el segundo aspecto es lo atractivo del tema que se trata. Pues bien,“Monuments men” es un film fallido. La película naufraga en aspectos como la puesta en escena, la música, el lenguaje cinematográfico y algunos otros, pero la causa principal del naufragio es, sin duda, el mediocre guión que firman, Grant Heslov y el propio Clooney.

miércoles, 26 de febrero de 2014

El consejero, (Ridley Scott, 2013)

Con “El consejero”, Ridley Scott firma otra magnífica obra, una película absorbente que se adhiere a la memoria visual del espectador y que, además, está plagada de diálogos y frases como no se escuchaban en el cine desde la época dorada del cine negro americano.
El guión lo firma Cormac McCarthy, escritor estadounidense, ganador del Premio Pulitzer y del National Book Award. En realidad, McCarthy, escribió la historia en forma de relato corto y no de guión cinematográfico, es decir, el texto no estaba dividido en escenas ni tenía la estructura de un guión técnico. Ridley Scott tuvo que hacer un trabajo de adaptación técnica del texto que, por supuesto, se conservó en su totalidad.
Ridley Scott es un director al que la crítica “oficial” siempre tiene en el punto de mira. Es posible que esta animadversión sea motivada por el hecho de que empezara su andadura profesional haciendo publicidad para televisión.
No parece justo que "El consejero" no haya obtenido ninguna nominación para los Oscar. Que no esté la película ni el director parece un disparate, y más aún, cuando hay bodrios como "La gran estafa americana", perlículas normalitas como "Capitán Phillips" o claramente sobrevaloradas como "Gravity". Pero, además de disparate, es un auténtico crimen que Cormac MacCarthy no esté nominado al mejor guión original ni esté nominada Cameron Díaz por su extraordinario trabajo.

sábado, 8 de febrero de 2014

La gran estafa americana, (David O'Russell, 2013)

“La gran estafa americana”, última película de David O’Russell, ya ha recibido tres Globos de oro y ha sido nominada en nueve apartados de los Óscar incluido el de mejor película. Algo han debido de ver los académicos de Hollywood que no he sabido ver yo.
Oti Rodríguez Marchante comenta: “yo…, francamente, sólo he visto las ganas locas de este director por parecerse a Martin Scorsese cosa que, realmente, consigue un poquito cuando aparece en la pantalla Robert De Niro”. Completamente de acuerdo con Oti. 
O’Russell ya había avisado en “The Fighter” pero en aquella ocasión, una atractiva historia, un excelente guión y unos actores en estado de gracia tapaban los defectos lingüísticos de la cinta.
Ahora se ha visto el artificio porque, aunque los actores siguen en estado de gracia, la realidad es que no hay historia que contar y la poca que hay se cuenta muy mal. En cualquier película de timadores hemos visto una trama mucho más interesante, con más suspense, y con mejor desenlace. No hace falta remontarse a una obra maestra como “El golpe” para darnos cuenta de la pobreza de lo que cuenta esta película de título absurdo y rimbombante.
En resumen, el guión es un desastre. En “The Fighter” estaban acreditados 4 magníficos guionistas. En “La gran estafa americana”, David O’Russell y Eric Warren Singer, este último, autor del desastroso guión de “The International: Dinero en la sombra”.
También había avisado, O'Russell, en “El lado bueno de las cosas”, una película absolutamente sobrevalorada por crítica y académicos, ocho nominaciones incluida la de mejor director en una edición en la que no nominaron como mejor director a Ben Affleck que había escrito y dirigido la fenomenal “Argo”.

jueves, 23 de enero de 2014

Amor, (Michael Haneke, 2012)

“Amor”, la película de Michael Haneke es una de esas obras con las que uno se encuentra muy de vez en cuando. Películas que ya no se hacen. “Amor” es una obra maestra del cine, una obra de arte.
Michael Haneke es el director de “Funny Games”, “Código desconocido”, “La pianista”, “El tiempo del lobo”, “Caché” y “La cinta blanca” entre otras. Un puñado de excelentes películas. Ahora bien, Haneke ha conseguido, con su última obra, una de esas películas que habría que ver de rodillas, o en un reclinatorio como decíamos los antiguos.
Sobre esta película, multipremiada, se ha escrito ya casi todo así que no voy a repetirlo. Además escribo este comentario con bastante retraso y por lo tanto debe haber ya hasta algún libro sobre la película. Sólo comentaré algunos aspectos que me parece que son los que le dan el plus de calidad artística que tiene.
Parece ser que Bette Davis, en su última época, dijo algo así como: “La vejez no es lugar para cobardes”. Es verdad, y también lo es que la película de Haneke tampoco es para cobardes. Es una película dura y tierna a la vez, que se ve con cariño pero con el corazón encogido. El tema de la película es la vejez, también el amor, pero sobre todo la vejez.
En cuanto al lenguaje cinematográfico, al ver la película me han venido a la cabeza algunos nombres pero sobre todo tres: Yasujiro Ozu, Carl Th. Dreyer y Johannes Vermeer.

lunes, 13 de enero de 2014

Prisioneros, (Denis Villeneuve, 2013)

“Prisioneros” es la primera película rodada en inglés por Denis Villeneuve, director canadiense, que ha dispuesto de un reparto y un equipo técnico de altura, recursos que Hollywood ha puesto a su disposición tras el éxito de “Incendies”, su anterior película, rodada en Canadá y nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.
“Prisioneros” no es la obra maestra que alguna crítica pretende pero es una muy buena película que tiene más aciertos que errores pero a la que sus errores lastran considerablemente.
Con “Prisioneros” me pasa, como con otras películas: films que están a un paso de ser grandes y que por algunos fallos, que se podían haber evitado con facilidad, se quedan en buenas películas sin más. Me duele lo que “Prisioneros” podía haber sido y no es.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Sólo Dios perdona, (Nicolas Winding Refn, 2013)

Hacer una película requiere una inversión económica que hay que amortizar. Esto ha sido siempre así, pero desde hace algún tiempo, las corporaciones que manejan los grandes estudios ejercen una presión extrema para asegurar beneficios en cada película. El efecto inmediato es la mutilación de cualquier veleidad artística que se salga de lo que se ha comprobado que funciona comercialmente. En una primera época del cine, todavía había “locos” que gastaban su dinero en películas arriesgadas que iban más allá de sus objetivos comerciales, que ponían los valores artísticos por delante de las garantías económicas. Hoy es muy difícil que ocurra esto. Si echamos un vistazo a la cartelera podemos ver que la gran mayoría de producciones están pensadas para amortizar la inversión sin ningún tipo de riesgo. Otro Supermán, otro Spiderman, otro Batman, más Vengadores, otro Robocop, más Zombies, otro Thor, más X-men, otro Lobezno, y para que no se nos escape nada, alguna de “dibujos”. Son producciones perfectamente diseñadas para hacer dinero, y secundariamente, dependiendo del interés y el talento del director, pueden tener más o menos calidad artística.
Por eso siempre me produce alegría encontrar una película que hace lo contrario, que antepone los valores artísticos a los comerciales. Este es el caso de “Sólo Dios perdona”. La misma historia se podría haber rodado para que acabara siendo un éxito de público y por tanto recuperara la inversión, bastaba con “narrarla” de otra manera, de una manera más ortodoxa, más comercial.
A “Sólo Dios perdona” la abuchearon en Cannes (en el mismo festival en el que su director optó a la Palma de oro con “Drive” y obtuvo el Premio al mejor director) y la crítica le ha dado por todos lados.
Ya he dicho en varias ocasiones que la crítica anda muy perdida desde hace tiempo y ha devenido, también, como la producción cinematográfica, en una crítica comercial que basa sus comentarios en todo menos en los aspectos artísticos de la obra que critica. A mi entender, la crítica debe analizar la película desde el punto de vista artístico, de la misma manera que se analiza un cuadro una escultura o un libro.
Desde este punto de vista, “Sólo Dios perdona” es una gran película, una obra de arte cinematográfica.

miércoles, 17 de julio de 2013

Los amantes pasajeros, (Pedro Almodóvar, 2013)

No se me ocurre nada bueno que decir de “Los amantes pasajeros”, la película de Pedro Almodóvar. Por no gustarme, no me gusta ni el título.
Pedro Almodóvar tiene la capacidad de suscitar amores y odios con cada nueva producción. Yo nunca he sido un fan incondicional de su cine, pero tampoco un enemigo acérrimo. Siempre he creído que ha sido, y es, uno de los directores más sobrevalorados del cine español. También es cierto que muchos otros productos de la “Movida madrileña” de los años ochenta me parecen absolutamente sobrevalorados.
Entre sus veinte películas hay de todo menos obras maestras.
“Los amantes pasajeros” tiene todos los defectos del cine de Almodóvar y ninguna de sus virtudes. Y, además, es una comedia que no hace gracia que es lo peor que se puede decir de una comedia.
La película es una sucesión de skechs poco afortunados. La comedia es el género más difícil; requiere acertar con el tono, con el ritmo, con los diálogos, con los actores y actrices y, desde luego con el sentido del humor. Nada de todo esto aparece en “Los amantes pasajeros”.
Los actores y actrices, que son estupendos, están absolutamente encorsetados por las exigencias del director y por tanto han perdido la frescura que es la principal virtud de muchos de ellos.
Los diálogos sólo buscan sorprender o escandalizar, denotan falta de espontaneidad y no tienen ni pizca de gracia.
La película no es otra cosa que una serie de skechs muy mal articulados. De hecho, Pedro Almodóvar es un ocurrente director de skechs, o de cortos pero nunca ha conseguido dotar a sus películas de la unidad y cohesión que precisan para ser algo más que una sucesión de gags con más o menos gracia y más o menos provocativos.
No hay historia que unifique la película, las pretendidas historias de los distintos personajes no tienen interés, y desde luego, no hay narración.
Dicen que es una comedia gay. Gay sí que es, pero a comedia ni se acerca.

La ocurrencia de Almodóvar sólo daba para un corto.

jueves, 28 de febrero de 2013

Lincoln, (Steven Spielberg, 2012)


“Lincoln”, la película dirigida por Steven Spielberg, narra los últimos meses de la vida del que fuera decimosexto presidente de los Estados Unidos de América. En estos meses asistimos al final de la Guerra Civil, a la aprobación de la decimotercera enmienda a la Constitución por la que se abolía la esclavitud, y a su asesinato, en el Teatro Ford, a manos de John Wilkes Booth.
Así pues, lo que se nos cuenta ya lo conocemos: sabemos cómo acabó la guerra, sabemos que se aprobó la enmienda y sabemos cómo y dónde murió Lincoln. Pues a pesar de conocer la historia, "Lincoln", la película consigue que el espectador se interesé por lo que está viendo en pantalla y las dos horas y media que dura no se hagan largas. Esto es mérito de Spielberg al que, algunos, le podrán acusar de muchas cosas pero nunca de aburrir.
Steven Spielberg se disfraza de Clint Eastwood para dirigir esta biografía de uno de los presidentes más queridos y admirados de Estados Unidos. Al ver “Lincoln” no puedo dejar de recordar “J. Edgar”, el biopic de J. Edgar Hoover dirigido por Clint Eastwood. La película de Spielberg avanza como lo hace la de Eastwood, lenta pero sólida, sin artificios pero con una insuperable eficacia. Penetrando profundamente en el carácter del protagonista.
En la imagen aparece exactamente lo que tiene que aparecer, ni más ni menos, y la cámara se mueve lo que se tiene que mover, ni un centímetro más ni uno menos. Se prescinde en gran medida de grúas, travellings y grandes escenas de masas que tan bien domina Spielberg y a cambio nos ofrece una película de interiores, dialogada, una película de actores, una película sobria que podría haber firmado Clint Eastwood.
Leí en una entrevista que le hicieron a Spielberg que decía que ésta era su película más europea, me imagino que se refiere a lo que he comentado.
Por comentar algún plano en el que Spielberg no puede dejar de ser Spielberg mencionaré uno en el que aparece Lincoln y su esposa dialogando mientras ella está frente a un espejo y él, a sus espaldas aparece reflejado. Os he puesto un fotograma de este plano “made in” Spielberg.
Hay que destacar la excelente fotografía de Janusz Kaminski. La fotografía en las películas parece que únicamente se valora cuando se trata de grandes escenas con magníficos paisajes, puestas de sol, cielos nubosos, tormentas, etc., sin embargo la fotografía de interiores es parte fundamental en este tipo de películas de personajes. Uno de los ejemplos más famosos es “El padrino”, película en la que Gordon Willis realiza una fotografía oscura, contrastada, que acompaña la historia y potencia el aire de tragedia clásica que Coppola pretende conseguir.
La otra referencia obligada de “Lincoln” es su protagonista, el actor Daniel Day-Lewis. Creo que nadie tenía ninguna duda de que Day-Lewis iba a hacer un trabajo extraordinario, que iba a ser nominado y que iba a ganar el Oscar. Y así ha sido.
Day-Lewis es un actor que utiliza lo que comúnmente se llama “el método”, un método de interpretación que se basa en una interiorización del personaje y una exploración del propio actor para sacar de dentro los matices que le permiten meterse en la piel del personaje, identificarse con él. Uno de los actores paradigmáticos de este estilo de interpretación fue Marlon Brando.
Personalmente creo que hay papeles para los que va bien y otros para los que resulta un poco afectado y se corre el riesgo de pasarse de rosca. En esta ocasión Day-Lewis, me imagino que bajo la estrecha supervisión de Spielberg, logra mantenerse dentro de los límites…, aunque por los pelos.
La primera opción que manejó Spielberg para encarnar a Lincoln fue Liam Neeson. Estoy seguro que también hubiera hecho un gran trabajo, pero muy diferente, hubiera sido otro Lincoln, quizás más épico, con otra dimensión, casi sobrehumano. Me hubiera gustado verlo.

martes, 6 de noviembre de 2012

Ted, (Seth MacFarlane, 2012)


“Ted”, la película escrita y dirigida por Seth MacFarlane, no es una película sino varias a la vez, o, para ser más exactos, es una película de varios géneros mezclados: es una película gamberra e irreverente de colegas, también es una comedia romántica y, de alguna manera, también es un cuento de Navidad.
La película funciona mejor en su faceta de comedia gamberra de colegas y flojea algo como comedia romántica.
La historia de “Ted” es de lo más convencional. No hay ninguna sorpresa, una vez conocida la premisa argumental. Los giros de guión son previsibles y no cuesta nada adivinar en qué minuto se van a producir.
Sin embargo, la película se ve con agrado y consigue lo que una comedia debería, siempre, tener como objetivo, hacer reír. Y es en este aspecto en el que “Ted” sobresale. Es capaz de hacer reír desde el primer minuto hasta el último, sobre todo, gracias a un guión estupendo y unos diálogos desternillantes. Desde el punto de vista estrictamente cinematográfico quizá no se merezca la nota que le he puesto pero es de puro agradecimiento. Con la que está cayendo, uno no puede por menos que dar las gracias por 100 minutos de risas.
“Ted” no pasará a la historia del cine como una obra maestra, pero garantiza risas a lo largo de todo su metraje, que por otra parte está bien rodado y bien dirigido.