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jueves, 5 de febrero de 2015

La isla mínima, (Alberto Rodríguez, 2014)

“La isla mínima”, la última película de Alberto Rodríguez (director de la magnífica “Grupo 7”) es, sin duda, la mejor película española del año y una de las mejores de la historia del cine en nuestro país. Una obra maestra.
Crítica y público han alabado una película que es más de lo que parece. La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas ha reconocido su calidad y la ha nominado para los premios Goya en 17 apartados, muchos de los cuales debería ganar.
“La isla mínima” es una película de género, es cine negro. Sobre la película se ha escrito ya mucho y no se trata de repetirlo, se ha alabado la localización, el trabajo de los actores (sobre todo el maravilloso trabajo de Javier Gutiérrez que, en ocasiones, recuerda a James Cagney), los dos niveles de la película (la trama criminal y el fondo socio-político de principios de los años ochenta), y muchos otros aspectos sobre los que no insistiré.

miércoles, 14 de enero de 2015

El niño, (Daniel Monzón, 2014)

Parece ser que “El niño”, última película dirigida por Daniel Monzón, está inspirada en la historia real de un joven que se dedicó al tráfico de drogas en las aguas del Estrecho de Gibraltar y que, durante un tiempo, tuvo en jaque a la policía.
El guión de la película está firmado por Daniel Monzón y Jorge Guerricaecheverría. Debieron pensar que la historia de “El niño” no era suficiente para un largometraje así que la combinaron con una historia, a lo “The Wire”, de investigación del tráfico de drogas a cargo de bandas mafiosas de los países del Este.
A pesar de las estupendas recaudaciones del film, lo primero que hay que decir es que “El niño” no es una buena película, sus numerosos defectos lo impiden:
-          El guión. Un buen guión, como norma general, debe tener una trama principal y, si se quiere, una o varias secundarias. En “El niño” se han hecho un lío con las tramas; en primer lugar porque no se sabe cuál es la principal y cuál la secundaria, y en segundo lugar porque el intento de relacionarlas se me antoja absolutamente forzado. Por separado ninguna de las dos historias tiene suficiente enjundia pero al unirlas lo que ocurre es que no suman sino que dividen así que el resultado viene a ser como si se hubieran juntado dos capítulos pilotos de dos series, eso sí, a la española.
-          La receta. El director de la fenomenal “Celda 211” ha pretendido fabricar un éxito por el método de “echar” de todo en la película, (más o menos lo que se hace, ahora, con las ensaladas): escenas de acción a lo USA, intriga, un poco de suspense, una historia de amor, actores reconocidos, actores guapos, actrices guapas, actores graciosos, jefes de policía con mala leche, compañeros traidores, sanguinarias mafias del Este, localizaciones exóticas, fotografía de postal y banda sonora que se dedica a subrayar cada cosa que ocurre en pantalla o el lugar en el que nos encontramos no nos vayamos a perder. Si nos atenemos a la taquilla no se puede negar que el experimento ha tenido éxito. Ahora bien, como obra cinematográfica el resultado es bastante flojo. Daniel Monzón debiera haber tenido en cuenta la consigna del genial arquitecto y diseñador Mies Van Der Rohe: "Menos es más".

-          Lo que no funciona. La lista es larga así que me ahorraré el comentario y me limitaré a enumerar lo que, a mi entender, no funciona:
o   La historia de amor no se la cree nadie y, además, las escenas románticas no pueden estar peor rodadas. Ejemplo: la escena en donde aparecen desnudos en la playa, la cámara a ras del suelo y las figuras desnudas de los dos protagonistas al fondo y desenfocadas. Ni en los setenta se hubiera rodado peor.
o   Las escenas de acción están bien para una película española pero con lo que vemos todos los días en las películas y series USA ver a Eduard Fernández dispuesto a abordar la lancha recuerda a los vídeos de YouTube donde alguien intenta saltar desde un trampolín o hacer una virguería en el jardín y todos anticipamos cómo va a acabar.
o   Jesús Castro y Marian Bachir son guapos, sí, pero no tienen ni idea de actuar. Consiguen que no nos creamos la historia de amor y de paso nada de lo que ocurre cuando están en plano. No quiero ahondar en el tema pero me parece un despropósito que Jesús Castro esté nominado al Goya de mejor actor revelación. Es posible que sea una revelación pero no es un actor.
o   Los seguimientos son penosos. Los malos tendrían que ser sordos y ciegos para no darse cuenta de que los siguen y, por cierto, no deberían esperar a que se pongan de espaldas para hacerles las fotos. Estas cosas consiguen que el espectador se salga de la película. Como ocurre con las escenas de amor, tampoco al rodar los seguimientos estuvo, Daniel Monzón, especialmente acertado.
Lo que me ocurrió con esta película es que, cada poco tiempo, uno de estos detalles me sacaba de la historia, y cuando conseguía volver a entrar, transcurridos unos minutos, me volvía a ocurrir lo mismo, hasta que llegó un momento en que ya estaba más pendiente de los errores que de la película. También en esto tenía Mies Van Der Rohe la solución cuando decía: "Dios está en los detalles".

No todo es malo; es bueno que la película haya acabado siendo un éxito de taquilla y es bueno que se hagan películas de género en España.

Sería injusto no mencionar las excelentes actuaciones de: Luis Tosar, Eduard Fernández, Sergi López y Bárbara Lennie.

PD: Claro que es posible que yo esté ciego y el film sea una obra maestra. Desde luego es lo que deben pensar nuestros académicos ya que la han nominado para los premios Goya en 16 apartados, incluyendo el de mejor película.

PD2: La crítica española parece estar más de acuerdo con los académicos de los Goya que conmigo, claro que Daniel Monzón empezó como crítico y por tanto es "uno de los suyos". Pero los de los Goya... ¿qué excusa tienen?

miércoles, 4 de enero de 2012

Drive, (Nicolas Winding Refn, 2011)


"Drive" es una excelente película de cine negro dirigida magistralmente Nicolas Winding Refn. Presentada en Cannes, fue candidata a la Palma de Oro que, como ya sabemos, ganó la insufrible “El árbol de la vida”, de Terrence Malick. Sin embargo, el galardón al mejor director se lo llevó, merecidamente, Nicolas Winding Refn por este film.
Hay dos películas de las que “Drive” bebe en buena medida; la primera es “El silencio de un hombre” cuyo título original es “Le samouraï” (1967), de Jean Pierre Melville y la segunda (que, a su vez, bebe de la película de Melville) es “The driver” (1978), de Walter Hill. En cuanto a la a esta última se podría decir que “Drive” es, en muchos aspectos, un remake. En cuanto a la primera las conexiones son más profundas y menos aparentes. En “El silencio de un hombre”, Melville realiza una película singular, con un Alain Delon (nunca estuvo mejor) en el papel de un asesino a sueldo abocado a un destino fatal. Melville desnuda su película de cualquier artificio, prescinde de las elipsis y casi del diálogo y con la ayuda del excelente director de fotografía Henri Decae nos ofrece un film noir, casi zen, cuyo desarrollo hipnotiza al espectador desde el plano de arranque.
Hay muchas cosas que me gustan de “Drive”; Ryan Gosling está magnífico con un doble registro de profesional frío y eficaz pero también de asesino despiadado e incluso psicópata, y además no recuerdo a nadie capaz de llevar un mondadientes con el mismo estilo que Bogart llevaba un cigarrillo y a nadie que dé más miedo con un martillo en la mano. El trabajo de Gosling es de tal magnetismo que es capaz de bregar con unos secundarios increíbles sin que se resienta su personaje.
He nombrado a los secundarios que están todos maravillosos y, desde luego, mención especial se merece un impresionante Albert Brooks al que yo le daría el Oscar al mejor actor de reparto sin dudarlo.
Me ha sorprendido el uso de la violencia que se hace en “Drive”. Con todo lo que hemos visto no es fácil que un asesinato más nos llame la atención, pues bien, en “Drive” todos los asesinatos son estupendos (si se me permite expresarlo así), todos son diferentes y todos nos dejan pegados al asiento.
“Drive” no llega a los extremos de negrura y desnudez del film de Melville. La fotografía de Newton Thomas Sigel no es ni de lejos tan realista como la de Henri Decae con lo que la película es más luminosa y en algunas secuencias, la luz se torna incluso artificial, es decir la luz viene de un sitio donde no la hay. Es una elección que no molesta pero me hubiera gustado ver lo que hubiera sido “Drive” con una fotografía más arriesgada, más extrema.
Sólo hay tres cosas que no me convencen en la película, aunque entiendo que se trata de una opinión basada en el gusto y por tanto muy particular de cada uno: No me gustan los títulos de crédito; creo que pueden ser un homenaje a William Friedkin, pero, aún así, me parecen más adecuados para una comedia romántica con Meg Ryan que para un thriller violento y oscuro. Tampoco me gustan las canciones, hubiera preferido una banda sonora más oscura (¿jazz?, ¿blues?) y menos presente. Y por fin, tengo mis dudas sobre el uso de la cámara lenta, hay secuencias en que me parece que está perfecta pero hay otras en la que creo que sobra.
Y para terminar…, falta la lluvia.