Jurassic Park, (Steven Spielberg, 1993), supuso un fenómeno
comercial sin precedentes en el mundo del cine.
La película recaudó más de mil millones de dólares, generó un merchandising que
superó a cualquier producción hasta ese momento y desencadenó una fascinación
por los dinosaurios que ha continuado hasta nuestros días.
Durante casi cien años el cine había recreado los
dinosaurios a través de dibujos, figuras articuladas que simulaban el
movimiento mediante stop-motion y actores metidos en disfraces. Ahora, por fin,
podíamos ver dinosaurios “de verdad”, que tenían textura y movimientos fluidos,
que generaban sombra, se reflejaban en las superficies brillantes e
interactuaban de forma natural con los personajes reales.
Spielberg trabajó con los mejores especialistas en cada
campo: miniaturas, figuras mecánicas operadas por control remoto e imágenes
generadas por ordenador y combinó estos recursos para hacer creíbles los
dinosaurios. El resultado fue deslumbrante y supuso un antes y un después en la
utilización de los efectos digitales en las películas.
Sorprendentemente, la mayoría de los críticos se
abalanzaron sobre la película como auténticos Velociraptores. Se acusó al film de
esquematismo, de falta de profundidad en la caracterización de los
protagonistas y, en fin, de mero producto comercial de entretenimiento. No se
dieron cuenta de que Jurassic Park es una trepidante película de aventuras en
la que los protagonistas son…, los dinosaurios.


