"War Horse", la última película de Steven Spielberg cuenta la historia de un caballo,
Joey, desde su nacimiento hasta su participación en la Primera Guerra Mundial.
Sus
146 minutos pasan en un suspiro. La película nos atrapa desde la emoción, algo
que no abunda en el cine actual más preocupado por la acción, basta con echar
un vistazo a las películas más taquilleras y podemos ver claramente que las
grandes producciones apuestan por la acción frenética y los efectos especiales
cada vez más espectaculares.
Así
pues, Spielberg apuesta por volver a un cine donde los personajes se mueven por
emociones, donde los principios son importantes y vertebran las acciones de las
personas. Seguramente se le acusará, como ya se ha hecho en otras ocasiones, de
sentimentalismo fácil o directamente de “moñas”, pero los amantes del cine, sin
duda, estarán agradecidos de poder ver una historia bien contada, bien rodada y
que, además, despierta emociones en el espectador.
Spielberg
utiliza, en esta película, todos los recursos del lenguaje cinematográfico
clásico; desde la composición de los planos, su duración, la cámara casi
invisible en las escenas de diálogos, la banda sonora muy cinematográfica, de John Williams, que
acompaña la acción en cada momento, o la fotografía, de Janusz Kaminski, en tres calidades
completamente diferentes pero adaptadas a la historia.




