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miércoles, 15 de febrero de 2012

Moneyball: Rompiendo las reglas, (Bennett Miller, 2011)


Moneyball cuenta la historia de Billy Beane (Brad Pitt), gerente de los Oakland Athletics, un equipo de béisbol de bajo presupuesto que no puede competir con los equipos grandes capaces, cada año, de reforzar sus plantillas con fichajes de jugadores fuera del alcance del presupuesto de Billy Beane. En estas circunstancias, decide cambiar su política de fichajes y con la ayuda de un joven economista llamado Peter Brand componer el equipo en función de las estadísticas.
El argumento no es nada nuevo, un equipo deportivo modesto que inesperadamente alcanza el éxito.
Debo reconocer que la película tiene un mérito enorme ya que consiguió interesarme a pesar de que la mitad del tiempo no entendía de qué estaban diciendo. No conozco el béisbol, no lo entiendo, no comprendo sus reglas y por supuesto ignoro por completo esa especie de Santo Grial que son las estadísticas: bases conseguidas, primera, segunda o lo que sea, carreras, strikes, home run, etc. Así pues un mérito que tiene esta película es que a pesar de no tener ni la más remota idea de lo que se está hablando (y se habla mucho) no desconectas de la película y se sigue con facilidad.
Este hecho es debido a que su ejecución es perfecta, los planos están bien buscados, las escenas duran lo indispensable, la fotografía es la adecuada y por tanto, el ritmo por un lado y el diseño de producción por otro son lo que tienen que ser y esto hay que ponerlo en el haber de su director Bennett Miller que ya dirigió maravillosamente “Truman Capote” con Philip Seymour Hoffman de inolvidable protagonista que fue premiado con un Oscar, también su director y la película fueron nominadas aunque, en estos apartados, no ganaron.

jueves, 3 de noviembre de 2011

El árbol de la vida, (Terrence Malick, 2011)



Acudí a ver “El árbol de la vida”, la última película de Terrence Malick, con la mente abierta y el ánimo dispuesto. No quise leer nada sobre la película antes de verla (aunque sí que había visto las 4 películas que Malick ha realizado desde 1973 en que debutó con el largometraje “Malas tierras”). Así pues, me dispuse a poner mis cinco sentidos en lo que se proyectaba en pantalla…, y 138 largos minutos después, mientras pasaban los títulos de crédito, no pude por menos que admitir que me había aburrido, me había aburrido como no me aburría desde que, en mi infancia, en los calurosos veranos de un pueblecito de Teruel, mi bendita madre que en paz descanse, en lugar de dejarme ir a jugar a “indios y vaqueros” me obligaba a dormir la siesta, o cuando, también de niño, en la playa de Zarautz me obligaban a esperar dos horas, antes de bañarme, tras haber engullido un bocadillo de tortilla de patata, para que no se me “cortara la digestión”.
Me dediqué, entonces, a leer todo lo que pillé sobre la dichosa película: críticas en páginas de cine especializadas, blogs de cine prestigiosos, revistas especializadas, etc. ¡Joder! Resulta que es una obra maestra. ¡Mecagüendiez!, por lo visto, no había entendido absolutamente nada. Resulta que acababa de ver una obra maestra, una obra de arte…, y a mí me había parecido una auténtica castaña.
Con la tozudez que nos caracteriza a los maños, con la ingenuidad que, milagrosamente, todavía no he perdido, una Pepsi de 37,5 cl. y un paquete de cigarrillos marca Royal Crown sin empezar, decidí verla otra vez, eso sí, esta vez con más interés, en mi casa y con los cascos puestos para no perderme nada…, y 138 largos minutos después, mientras pasaban los títulos de crédito, no pude por menos que admitir que me había aburrido todavía más que la primera vez y además, para mi desconsuelo, no había sido capaz de ver ni un atisbo de obra de arte en lo que había visto a pesar de haber pasado una y otra vez las secuencias y planos que los críticos ponderaban como una creación maravillosa.
Como quiero ser lo más honesto posible, tengo que decir que la fotografía de Emmanuel Lubezki es una maravilla, pero claro, eso no es suficiente.