“Los descendientes”, la última película dirigida por Alexander Payne es, sin duda, su mejor
realización hasta el momento. En mi opinión es una gran película, a la altura
de las mejores que se han estrenado en los últimos años, y justa candidata a
los Oscars.
Pese
a ello, la película puede despistar a muchos espectadores. De hecho ha
despistado también a muchos críticos. El tono, el ritmo y la historia, no parecen
encajar entre sí. ¿Se trata de una comedia? ¿Un drama?
Estamos
educados en las convenciones del drama y de la comedia tal y como se entienden
en la actualidad: una comedia tiene un cierto tipo de música, de intérpretes,
de situaciones e incluso de fotografía que nos anticipa ya desde los títulos de
crédito que estamos ante una comedia. Y lo mismo ocurre en los dramas.
Pero
la vida no es comedia o drama, la vida es la mezcla de los dos y “Los
descendientes” nos muestra eso, un trozo de vida.
Alexander
Payne es un director con una tremenda cultura cinematográfica. Lo he oído y
leído en varias entrevistas y es un placer que un director de cine conozca los clásicos
y el lenguaje cinematográfico como los conoce él.
