“Luces rojas” es el tercer largometraje de Rodrigo Cortés,
tras dirigir: "Concursante", en 2006 y “Buried” en 2010 con la que obtuvo un inesperado éxito de crítica
y público.
Vaya por delante que, a mi entender, “Buried” es una
película sobrevalorada donde las haya, a la que no le veo ningún mérito
cinematográfico, muy poco atractivo y a la que le niego, incluso, la
originalidad que se le ha atribuido por parte de la crítica.
Como curiosidad os dejo una imagen con la que me encontré
haciendo un trabajo sobre las campañas en contra de las drogas. La imagen
pertenece a un clip de una campaña de 2007 que hizo la Comunidad de Madrid. Al
lado os he puesto el cartel de “Buried”. ¿Coincidencia?
En
cuanto a “Luces rojas” me pasa lo mismo que con “Buried” aunque por diferentes
motivos. Según dice Rodrigo Cortés el título hace referencia a “las notas discordantes”, “las cosas que no deberían estar ahí”, “las cosas que no encajan”. Pues bien,
la película está llena de luces rojas, de notas discordantes, de cosas que no
deberían estar en ella y de cosas que no encajan.
Rodrigo
Cortés ha dispuesto, para esta película, de un elenco de actores y actrices
inmejorable y de un presupuesto importante pero ni el guión, ni la realización
ni el montaje están a la altura de ellos, y estas tres cosas: el guión, la
realización y el montaje son las verdaderas luces rojas de la película y las
tres están firmadas por él.
La
película indaga, desde un punto de vista científico-escéptico, sobre los fenómenos
paranormales y los sujetos que se hacen llamar psíquicos, mentalistas,
videntes, y demás fauna parecida. Sigourney Weaver (impecable en un papel que
recuerda al de “Avatar”) y Cillian Murphy, forman un equipo de investigadores
que dedican su tiempo y recursos a desenmascarar los fraudes de sujetos que
dicen poseer poderes psíquicos paranormales. Uno de esos sujetos es Simon
Silver (Robert De Niro, con una presencia cinematográfica apabullante pero un
poco “pasado de vueltas” como ocurre cuando no es dirigido con mano firme).


