“Un trabajo en los confines del mundo.
Cazador a sueldo para una gran empresa petrolera. No sé por qué hice la mitad
de las cosas que he hecho, pero sé que aquí es donde debo estar. Rodeado por
los de mi calaña: ex convictos, fugitivos, vagabundos, gilipollas; hombres
indignos del género humano”
Así
comienza “Infierno blanco”, con la voz en off del protagonista y la imagen de
Liam Neeson caminando hacia la cantina donde se reúnen todas las noches los ex
convictos, fugitivos, vagabundos y gilipollas de los que habla el protagonista.
Las críticas de la película, en
general, no han sido muy favorables y su trayectoria comercial, en España, ha
sido bastante anodina.
Es muy posible que esta falta de
interés de crítica y público se deba a que da la sensación, a primera vista, de
que se trata de una película más de aventuras, del subgénero de supervivientes
en medio de una naturaleza hostil, y amenazados por animales salvajes.
También ha podido influir que su
director, Joe Carnahan, no presenta unas credenciales que inspiren confianza si
tenemos en cuenta sus dos últimas películas: “Ases calientes” y “El equipo A”,
películas de entretenimiento bastante mediocres, la verdad.
Aunque en España ha recibido críticas
negativas, la película ha tenido buenas críticas y ha funcionado estupendamente
en Estados Unidos.
En el primer post de este blog
escribí sobre la crítica y por tanto no voy a volver sobre el tema, pero no
puedo dejar de decir que es una auténtica pena que los críticos no sean capaces
de ver más allá de lo obvio. Se supone que su función es, precisamente esa: ver
más allá de lo obvio.
“Infierno blanco”, me parece una
excelente película de aventuras y estoy seguro que con el paso del tiempo será
reivindicada por los mismos que ahora la han ninguneado.
