Esta
segunda película de Guy Ritchie sobre Sherlock Holmes sigue la senda de la
primera, como no podía ser de otra manera dado el éxito económico que obtuvo.
Tanto
la primera entrega como esta segunda son películas que se construyen a partir
de las claves de las cintas de James Bond con el añadido de los toques
“simpáticos” de las películas de dos policías colegas.
Así
pues, asistimos a una película de acción con persecuciones, peleas, tiroteos,
explosiones, cambio de escenarios, etc., eso sí situada en el siglo XIX. En
este sentido es más coherente la versión de la miniserie para televisión que
sitúa a Sherlock Holmes directamente en la actualidad con lo que no se nos hace
tan difícil armonizar los trajes de época y los coches de caballos con las
artes marciales, los tiroteos con armas automáticas y las explosiones.
No
cabe duda de que se ha perdido por completo el espíritu de las novelas de Sir Arthur Conan Doyle. Me imagino que al público que no las haya leído no le importará
demasiado. Tampoco a mí me molesta ya que doy por hecho que no estoy viendo una
película de Sherlock Holmes.
Dicho
todo lo anterior, y admitiendo el disparate que supone hacer de las novelas de
Sherlock Holmes películas de acción a lo James Bond, hay que decir que Guy
Ritchie mezcla aciertos con errores y aunque el ritmo de la acción está
conseguido y alguna escena está muy bien rodada, en general ganan lo errores a
los aciertos.
